"El hombre vulgar cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla." Börne, Ludwig

Nuevo golpe de efecto del Ejecutivo

jueves, 6 de agosto de 2009

El Gobierno desde mayo del presente año viene anunciando una bajada del impuesto sobre beneficios para las medianas y pequeñas empresas pero condicionada a una serie de requisitos e insertada en un momento en que la hacen casi del todo inútil, ¿por qué?. Por los siguientes motivos

En mayo del 2009 recibimos la buena nueva en el ámbito económico del anuncio de la bajada del impuestos sobre beneficios a las medianas empresas en un 5% para procurar la reactivación económica, con tal hercúlea medida, del castigado sector. Esta medida que está condicionada al monto bruto de la cuenta de explotación, por lo que está limitada a las pequeñas empresas y dirigidas obviamente a ellas, en razón su condición pecuniaria, obliga a los empresarios a aumentar la plantilla laboral, en el año que se amerita, con respecto al anterior (y mantenerla, lo que equivale a hacer trabajadores fijos) para percibir la ayuda, se nos presenta como absurda ya que:

1) Se aprueba precisamente cuando menos efecto puede tener porque muy pocas empresas en esta época de profunda crisis dan beneficios. El gobierno sabe que en realidad va a tener que pagar muy poco pero electoralmente la medida suena bien ya que parece como si, con esta medida, el ejecutivo hiciera algo por reactivar la economía y se preocupase también porque la maquinaria empresarial, “condito sine qua non” del “Estado de Bienestar”, se reactive.

2) A no ser que sea un caso raro, no creo que haya empresario perteneciente al ámbito de la mediana empresa que mejore sus cuentas en el 2009 o 20010 con respecto al 2008 y mucho menos que necesite como consecuencia de ello aumentar el personal, sucede mas bien todo lo contrario: es necesario despedir a trabajadores, no para obtener beneficios, sino para subsistir. La actividad empresarial sufre de atonía, hay un auténtico descalabro de pequeñas empresas y aumentar la plantilla de trabajadores es precipitarse al suicidio económico.

3) Las cargas sociales de los empleados que representan alrededor de un tercio de la nómina, en el caso de que haya una necesidad rarísima de contratación, hacen que la rebaja del impuesto no compense, ni de lejos, la onerosa contribución empresarial en este aspecto. ¿Quieren cálculos mondos y lirondos?. Pues bien, esta rebaja supone un ahorro por trabajador, con referencia a un sueldo de 1000 euros de aproximadamente 80 euros, frente a su contrapartida: La asunción de un gasto, además del correspondiente a la cantidad percibida por el trabajador por su sueldonen una situación crítica, de unos 300 euros por trabajador por impuestos y gastos en Seguridad Social.

En conclusión, la bajada no se puede percibir como una ganancia, sino más bien como una invitación a crear un mercado de trabajo poco flexible, lo que en tiempo de crisis es inoperante.

A lo que hay que añadir la condición de espejismo de tal ofrecimiento puesto que se ofrece la ayuda porque se sabe de antemano que no se otorgará ya que los supuestos de hecho la hacen inviable.

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